
A veces las cosas se te escapan de las manos tan rápido que tu capacidad de reacción parece que funcionara propulsada por la energía que genera el pedaleo de un triciclo. Y en esas situaciones te sientes tan absurdo y patético que desearías que tus ojos se convirtieran en canicas para no ver cómo el universo entero se detiene a observar el modo en que reaccionas, algo ridículo pues la mayoría de las veces esos pequeños detalles pasan desapercibidos para el resto del planeta. A mi en este tipo de circunstancias me invade la rabia como si de una gota fría se tratara arrasando con el resto de percepciones que envían mis sentidos y arrinconándolas en cualquier recoveco de mi cuerpo (sospecho que en la contractura de mi espalda).
Esa noche me sentía Penélope Cruz grabando el vídeo clip de "La fuerza del destino" y de la manera más tonta me lancé a la calle a echarme unas risas con las petardas habituales sin preocuparme lo más mínimo del lugar ni la hora, sin sopesar ni una sola vez si el garito contenía el número suficiente de maromos por metro cuadrado legalmente exigible. Al segundo gintonic ya le había otorgado siete puntos sobre diez a un tío con ojeras que prometía ser todo un parque de atracciones y mientras formulábamos el juego de miradas reglamentariamente establecido se cruzó él.
Tenia la cabeza rapada y la barba recortada. Su mirada era de niño bueno con unas pestañas como abanicos pero la sonrisa torcida indicaba que había sido el más gamberro de su barrio. Y me miraba. Y no paraba de mirarme. Yo mientras cohibido fingía no haberme dado cuenta de su mirada ajeno a que el peligro no andaba muy lejos de mi. Y decidí devolverle la mirada, entonces me dedicó una sonrisa y a mí se me cayeron los calzones hasta los tobillos. Pero en el turno nº 3 de cruce de miradas percibí que otro punto del garito también ocupaba su campo de observación y sin apenas darme tiempo a comenzar el turno nº 4 observé como un jovenzuelo de no más de 23 de edad , ni 52 de peso se acercaba a él y empezaba a entablar conversación captando toda su atención y dando por finalizada mi sesión de guerrilla ocular. Y los calzones, como si los llevara cogidos con tirantes, se me subieron de golpe.
Creo que no habían pasado más de 3 minutos cuando vi que la lengua del casi impúber intentaba encontrarle el cardias a MI calvo (y digo mi porque yo lo vi primero). Y en un fatídico nanosegundo ocurrió que el calvo se separó , supongo que para respirar y mantener a salvo sus esófago de la intrusión, me miró y su mirada se cruzó con la mía que de una manera absurda se había quedado fija en ellos.
Entonces creí que en lugar de calzones me había puesto la mascarilla antiojeras que guardo en el congelador. Y noté como por el dedo gordo del pié derecho empezaba a entrar el torrente de ira y envidia que me arrinconaba a todo lo demás en la contractura de la espalda y me sentí tan absurdo y patético que derrotado decidí acabar el gintonic y volverme a casa. Entonces es cuando Natalie Imbruglia empezó a cantar "Torn" dentro de mi cabeza, aunque fuera sonaba un chunda-chunda indescriptible. Y pensé... ¿quién será la desgraciada que parió a la Natalie?
P.S.1: Me acabo de dar cuenta que he acabado el post como el inmediatamente anterior.
P.S.2: La foto es de Jason Nocito, pero yo lo cito.






